Una semana entera de lluvia intensa es suficiente para que la piscina pierda su aspecto cristalino: la superficie se cubre de hojas, el fondo acumula sedimentos y el desinfectante se diluye hasta quedar prácticamente inactivo. El agua turbia y sin equilibrio químico, resulta poco atractiva y favorece la colonización de algas y bacterias. Actuar con rapidez es la única forma de evitar daños en el revestimiento y sobrecargas en el sistema de filtración.
A continuación encontrarás un protocolo en seis pasos diseñado para devolver la transparencia al vaso y proteger cada componente del equipo.
1. Revisar el equipo técnico
El primer paso consiste en asegurar la integridad de la instalación. Desconecta la corriente y examina bomba, válvula selectora y cuadro eléctrico. Presta atención a posibles fugas en mangueras y uniones, juntas que gotean o filtros con tapa mal sellada; cualquier infiltración de agua de lluvia en los motores puede provocar cortocircuitos o corrosión prematura. Si detectas humedad en el interior del prefiltro, seca las piezas con paño limpio o deja ventilar hasta estar seguro de que no queda agua antes de volver a energizar la depuradora.
Con la piscina sin funcionamiento es buen momento para inspeccionar tornillería, abrazaderas y soportes. Ajusta la tornillería floja y apunta los repuestos que sea necesario sustituir. Una revisión minuciosa ahora evita paradas imprevistas cuando el sistema vuelva a estar sometido a la carga de filtración continua durante la recuperación del agua.
2. Retirar residuos flotantes
Ahora toca liberar la superficie. Con un recogehojas retira hojas, flores, ramitas e insectos, maniobrando despacio para no hundir los restos orgánicos. Trabaja desde la zona de mayor concentración hacia los skimmers, moviendo el agua suavemente para evitar que nuevas partículas se dispersen. Todo material que elimines en esta fase reducirá la demanda de desinfectante y disminuirá el riesgo de manchas marrones en la línea de flotación.
Vacía los cestos del skimmer y del prefiltro, enjuágalos con la manguera y colócalos de nuevo. Mantener la aspiración libre de obstrucciones facilita que, en los pasos posteriores, la filtración rinda al máximo. No olvides revisar la cubierta del sumidero; si el vendaval arrastró plásticos o bolsas ligeras, podrían obstruirlo y comprometer la recirculación.
Instala una cubierta y ten tu piscina perfecta durante todo el año.
3. Limpiar el fondo de la piscina
Con la superficie despejada, dirige la atención al sedimento depositado. Si empleas un limpiafondos manual, deslízalo lentamente describiendo pasadas paralelas y solapadas para evitar levantar la arena. Inicia la limpieza por la parte menos profunda y avanza hacia la zona honda, donde los sedimentos se acumulan con mayor densidad.
Un robot eléctrico agiliza la tarea: basta elegir un ciclo completo que incluya paredes y línea de flotación.Después de la aspiración, cepilla toda la superficie: paredes lisas, esquinas del vaso, escaleras y focos. El cepillado rompe la fina película de biofilm que sirve de asentamiento a las algas. Cuanto más a fondo se realice este paso, menos cloro será necesario y más rápida será la recuperación visual del agua.
4. Tratar el agua y reajustar los niveles químicos
Antes de añadir productos, limpia o contralava el filtro: un medio filtrante saturado disminuye la eficacia del tratamiento. A continuación mide los valores básicos; lo habitual tras una tormenta es que el pH haya bajado y el cloro libre se encuentre casi agotado. Ajusta el pH entre 7,2 y 7,6 para que los desinfectantes trabajen con eficacia y sean confortables para los bañistas.
Aplica un tratamiento de choque con cloro granulado hasta alcanzar 3 o 4 ppm y complementa con alguicida si el agua muestra un tinte verdoso. Deja recircular treinta minutos y confirma los valores con un test rápido. Mantener este control químico inicial impide que las partículas orgánicas se degraden lentamente y generen nuevos desequilibrios.
5. Poner la depuradora en marcha y filtrar intensivamente
Con la química estabilizada, selecciona posición filtración y deja la bomba funcionando en manual al menos ocho horas seguidas. Una buena práctica es orientar los impulsores ligeramente hacia abajo para romper posibles estratificaciones y asegurar un movimiento circular homogéneo. Observa el manómetro; si la presión sube rápido, realiza un nuevo contralavado para devolver al lecho filtrante su capacidad de retención.
Cuando concluya el ciclo prolongado, programa la depuradora en su horario habitual de verano, pero mantente atento las primeras 24 horas. Si el caudal desciende o el agua comienza a enturbiarse de nuevo, será señal de que aún quedan micropartículas en suspensión.
6. Clarificar y pulir el agua
Si al día siguiente el agua mantiene un velo lechoso, añade un clarificador líquido compatible con tu sistema o introduce cartuchos floculantes en los skimmers. Estas sustancias aglutinan las partículas microscópicas que enturbian la lámina formando flóculos fáciles de capturar. Mantén el filtro en marcha el tiempo indicado y efectúa un contralavado final para expulsar la suciedad atrapada. Comprueba pH y cloro y realiza ajustes menores si fuera necesario.
En pocos ciclos de filtración la piscina recuperará su transparencia. Conviene, no obstante, repetir los análisis de pH y cloro cada dos o tres días durante la semana siguiente para confirmar la estabilidad química. Una vigilancia corta pero constante garantiza que no queden bolsas de materia orgánica capaces de desestabilizar el agua a medio plazo.
Ventajas de anticiparse con una cubierta
El protocolo devuelve el agua a su estado óptimo, pero puede simplificarse si la piscina se protege a tiempo. Una cubierta crea una barrera total frente a hojas y polvo, reduce la evaporación y mantiene el calor. Al limitar la entrada de contaminantes, el cloro se degrada más despacio y el pH apenas varía, lo que reduce la frecuencia con la que hay que recurrir a tratamientos de choque. Además, la cubierta ofrece seguridad extra para niños y mascotas y protege el vaso frente a objetos arrastrados por el viento.
Instalar una cubierta convierte una tormenta prolongada en un contratiempo menor: se ahorra agua, energía y, sobre todo, las largas horas de limpieza posterior. Si deseas olvidarte de limpiezas de crisis y mantener la piscina lista durante todo el año, valora incorporar una cubierta adecuada; notarás la diferencia desde la primera tormenta
Recuperar la piscina tras lluvias intensas exige un mando claro: revisar el sistema, retirar la vegetación, aspirar a fondo, equilibrar la química, filtrar de manera continua y flocular si es necesario. Este protocolo restablece la transparencia y la seguridad del agua en menos de cuarenta y ocho horas. Aunque seguir los pasos devuelve la normalidad, prevenir sigue siendo la mejor herramienta: una buena cubierta mantiene la suciedad fuera, estabiliza la química y economiza cada minuto de mantenimiento.
En Cubriland estaremos encantados de asesorarte sobre qué cubierta encaja mejor en tu piscina, pregunta a nuestros expertos y la próxima tormenta solo será una anécdota más en la temporada de baño.
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